jueves, 14 de diciembre de 2023

MIENTRAS ESPERÉ LO QUE NUNCA LLEGÓ, VINO LO QUE NUNCA ESPERÉ

Mientras esperé lo que nunca llegó, vino lo que nunca esperé

Mientras esperé lo que mis sueños tejieron en su castillo de naipes casi imposibles, la vida acabó sorprendiéndome con algo distinto, con algo que no imaginé pero que el destino, la magia, o la casualidad, me ofrecieron a cambio de nada.

¿Cuántas veces nos ha ocurrido algo parecido? Pasamos gran parte de nuestra vida planeando aquello que deseamos alcanzar, esperando en ocasiones aspectos casi inalcanzables, cuando de pronto, la cotidianidad perfila con su armonía de siempre algo casual que nos complace y nos llena de felicidad.

Muchas veces pensamos que la vida nos dice “NO” a algo, cuando en realidad, sólo nos pide que esperemos, que esperemos un poco más…

Si lo pensamos bien, nos cuesta mucho tener que aguardar ese instante en que por fin, la vida da esa vuelta de sentido y se acuerda de nosotros para arroparnos en forma de suerte, de aliento, de calor y esperanza.

Puede que te traiga ese sueño profesional en el que tanto has invertido, es posible que por fin, aparezca esa persona que encaja en tus esquinas y construye el puzzle de tus felicidades. Son muchas las cosas que soñamos, las cosas por las que somos pacientes y nos desesperamos…

No obstante, ten en cuenta algo: no solo lo que guste traerte la vida será finalmente bueno, entiende que la espera también ha merecido la pena, porque es vida vivida. Y ello, siempre es importante.

Esperé tanto que me cansé de quererte

mujer pescando la luna sobre fondo amarillo representando el tiempo que esperé

En ocasiones esperamos tanto de las personas que sólo encontramos decepciones. Quizá por ello, hay quien suele decirse aquello de que para evitar sufrir es mejor no esperar nada de nadie, y esperarlo todo de nosotros mismos. Aunque hay matices en esta frase que deben concretarse.

Esperar siempre valdrá la pena siempre y cuando la otra persona esté luchando también para llegar hasta ti. Si no es así, tal vez sea el momento de acabar con esa espera sin sentido.

Ahora bien, también hemos de tener claro un aspecto: las personas tenemos derecho también a esperar lo mejor de las personas que amamos. Sencillamente, porque creemos en la reciprocidad, en el hecho de que si yo doy afecto y dedicación, tengo derecho a recibir lo mismo.

  • Aguardar a que los demás actúen de acuerdo a nuestras expectativas responde a una necesidad mínima de control en nuestro día a día y en nuestras relaciones sociales y afectivas.
  • Saber cómo nos van a tratar, o dar por sentado que las personas queridas nos aman, nos respetan y se preocupan por nosotros nos evita esa incertidumbre en la que nos sería tan complicado vivir si no tuviéramos esas raíces, esa seguridad emocional.
  • Quizá por ello, en ocasiones, es frecuente que aparezca una decepción, en especial cuando se da aquello que uno no espera: la mentira, la frialdad, la despreocupación o la distancia.

A veces esperamos cosas que nunca llegan a darse del todo. Es común, por ejemplo, enamorarse de alguien hasta que nos damos cuenta que esa persona, en realidad, nunca fue como pensábamos.

Los sueños se desvanecen, se apagan. No obstante, más tarde llega la magia de la casualidad y nos trae a otra persona, a alguien que no esperábamos y que nos regala una felicidad sincera y plena.

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