domingo, 29 de marzo de 2015

PROBLEMAS TECNOLÓGICOS QUE SUFRISTE SI CRECISTE EN LOS 90



Si viviste en los 90, y eras un niño o un adolescente en esa época, seguro que tuviste estos problemas asociados a la tecnología. Ojo, no todos son problemas tecnológicos, pero sí están asociados a cierto aparato tecnológico. ¿Cuántos de estos tuviste que sufrir?













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Los casettes
Seguro que fuiste de esa generación en la que pasaste de los casettes a los CDs, y por tanto, seguro que tú viste un problemilla, cuando se te liaban las cintas, y tenías que utilizar un lápiz para volver a enrollarla, y que volviera a sonar bien.
Después, con los CDs, también te sabías el truco ese de usar pasta de dientes para reparar esos pequeños roces. Pero gracias a estas pequeñas joyas tecnológicas, aprendimos a tratar bien, al menos al principio, estas cosas que eran tan caras. 


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Los telefonillos
Todos y todas hemos pasado esa etapa tan tonta en la que nos turnábamos para tocar al telefonillo de la persona que nos gustaba. Si habíamos quedado, y la gente no aparecía, ibas a su casa y preguntabas a su familia si ya había salido de casa.
Ahora ya no es así: bombardeas  a mensajes y a whatsapp a esa persona, hasta que aparece, o hasta que apaga el móvil por pura pesadez. Antes no había escapatoria, ya que o sus padres os mentían, o bajaba de una vez para salir. Ahora parece que estamos desarrollando una alergia a los telefonillos.


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El teléfono
Hace tiempo, Movistar se llamaba Telefónica y tener un teléfono de estos era un lujo. Era el DOMO, pero seguía habiendo un inconveniente: todavía los teléfonos inalámbricos no estaban en auge, ni las tarifas planas. Así que si llamabas a alguien, tus padres estaban todo el día cortándote, y señalando su reloj.
Este no era el único problema: apenas tenías privacidad. Así que cuando estabas esperando ESA llamada, la del chico que te gusta, apartabas a golpes a todo aquel que se interpusiera en tu camino. También podías tener la inmensa suerte de tener un teléfono en nuestro cuarto, y poder hablar sin que nuestros hermanos hicieran el imbécil a nuestro alrededor.
Otro problema era el de cuando nos instalaban Internet. Efectivamente, queríamos entrar en las nuevas tecnologías, pero esas cuotas que nos cobraban eran abusivas. Sí, casi como ahora. Eso sí, seguro que te suena esta pequeña canción.





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Esos trabajos artísticos
Nuestros trabajos eran 80% Encarta y 20% WordArt. Teníamos el Office, con el ayudante ese en forma de clip, que enseguida cambiábamos por el perro, o por otro ayudante. Y por supuesto, el título lo poníamos con estas precisas letras en 3D, y nos creíamos los más guays de la clase.
Ya fuera un trabajo sobre estorninos, moléculas o imagenes. Daba igual, porque siempre utilizábamos, según estuviéramos inspirados, una fuente de este tipo. Y aunque te cueste reconocerlo, seguro que tenías un tipo favorito, ¿verdad?


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Nada de Instagram
Si eres usuario de Instagram, seguro que siempre estás buscando la foto perfecta. Pero antes no éramos tan perfeccionistas, porque solo teníamos una oportunidad para hacer la foto. Y otra cosa era cuando . Y que no se nos ocurriera gastar el carrete de fotos repitiéndolas, porque en casa nos la armaban.
Lo peor de todo era cambiar el carrete: teníamos que estar en un sitio a oscuras, porque la película se velaba.  Y encima, la primera foto siempre salía mal, así que teníamos que gastarla en algo que no fuera demasiado importante. Sí, ahora se llevan las polaroids, y ese tipo de cámaras, pero cuando era el pan de cada día, no nos hacía tanta gracia. 


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Esos disquettes
Oh, ¿creías que el icono de “guardar” era inventado? No, hubo una época en la que los disquettes eran reales, y no queda tan lejos. Ahí guardábamos todo, y había cosas que se repartían en 2,3, 4, o 5 disquettes. Era desesperante, pero necesario. 
Y cuando descubrimos Internet en el colegio, o ese programa tan chulo, pensábamos que arrastrando solo el icono del acceso directo del escritorio al disquette ya valía. Nuestra cara en casa era un poema. Y en esos momentos, solo tenías un par de alternativas: o Windows, o MS-DOS. Y por supuesto, solo teníamos el Internet Explorer. Eran tiempos escalofriantes.


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La odisea de poner Internet
Era todo un subidón de adrenalina cuando por fin accedían nuestros padres a ponernos Internet. El problema es que los módems no eran autoinstalables, y teníamos que esperar a un técnico especialista que lo hiciera. Pero había veces que nosotros decidíamos instalarlo.
Y el pack venía con todo eso: con un montón de instrucciones, que teníamos que descifrar como un catálogo de Ikea, y un montón de cables. Claro que esto era solo el principio. 


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Todos esos cables
Ahora todo va por Wi-Fi. Es raro que un sitio no tenga Wi-Fi, aunque en las casas todavía es común que se tengan cables. Pero son cables de periféricos: que si el de la impresora, el teclado, el ratón… Ahora todo eso tiene su equivalente en bluetooth.
Antes teníamos todos esos cables, más el del módem, y nuestros padres tenían que hacer virguerías para distribuir el cable telefónico por toda la casa. ¿La solución? Poner el ordenador en el salón, y lo compartías con toda la familia. 


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El VHS
Si tuvimos que ver el paso del casette al Compact Disk, lo mismo pasó con el vídeo de toda la vida. Lo mejor de todo era cuando estábamos afiliados al videoclub del barrio, o en el mejor de los casos, al Blockbuster, que tenía los estrenos enseguida.
Todos recordamos los cartelitos esos que decían que teníamos que devolver la cinta rebobinada, y siempre vivíamos con el miedo de devolver la cinta fuera de plazo, así que utilizábamos esos buzones abiertos los 24 horas. 

El contenido del post no es de mi autoría, y/o, es un recopilación de distintas fuentes.

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